En la masonería se nos dice que
cuando un masón fallece, es que ha pasado al oriente eterno. No hay mucho que
decir en primer grado sobre ese término, pero bien se nos instruye que el
V:.M:.se encuentra en el oriente porque la luz y la sabiduría vienen de oriente
y que el camino de todo masón es siempre hacia el oriente. Entonces se puede
concluir que el Oriente es el punto cardinal por donde surge el sol diariamente
como un amanecer perpetuo de nuestro planeta, y las alegorías de la Orden
sugieren que el masón hace el mismo recorrido simbólico de oeste a este en
busca de la Luz o la sabiduría. Ya definido el oriente, entonces enlazado con
la palabra “Eterno” sería un ámbito de luz permanente para los Hermanos
fallecidos. ¿Pero Por qué "eterno"? No olvidemos el landmark masónico
sobre la inmortalidad del alma, que suponemos tácitamente que éstas requieren
un ámbito simbólico consecuentemente eterno. Incluso aquellos HH. que conciben
al alma como una especie de energía, que "no se destruye y sólo se transforma",
podrán coincidir en ese atributo de eternidad. A esta metafórica unión de las
almas de los masones muertos se la ha llamado también "Logia
Celestial", y uno de los símbolos en recuerdo de los masones fallecidos es
la columna rota, cuya otra parte está en el Oriente Eterno.
Tengamos presente que el oriente
eterno masónico, no tiene relación con religión alguna. No se refiere a un
lugar sino a una condición evocativa. La masonería no define su forma, ni su
inmensidad.
Para algunos puede ser el paraíso
Celestial cristiano, el Jardín del Edén hebreo, el Yanna de los musulmanes, el valhala para los vikingos, u
otra forma de mansión celestial.
Sobre el Paraíso Celestial de la Cristiandad, o Cielo, alberga las almas de los muertos según la "gracia" divina, donde se unen con Cristo y la Trinidad; se complementa con la creencia en un Infierno como antítesis y con un Purgatorio como paso intermedio al Cielo. La Yanna, que significa jardín en árabe, es el paraíso terrenal islámico consta de siete niveles; en el séptimo, el más alto, moran los profetas, los mártires y la gente más veraz y piadosa. Promete una nueva vida inmortal para sus moradores -que tendrán la misma edad y la misma estatura- plena de huríes (doncellas pluscuamperfectas), venturas, "y un placer cientos de veces mayor". Y si nos vamos a los vikingos que se les quemaba en sus barcas con sus armas y sus grandes escudos, y viandas para de este modo pasar bien surtidos a su paraíso eterno llamado el Valhala para morar con su dios Odín.
La certeza de la muerte (el hombre es el único animal que sabe que ha de morir) y el landmark de la inmortalidad del alma, constituyen la base de la búsqueda iniciática de la Masonería tradicional, aunque en el desarrollo de los rituales nada se nos dice acerca de la vida en el más allá, salvo la mención del OE, sin una definición propiamente dicha. Aquí, quizá la Masonería, sabiamente, deja hablar a los símbolos, sugiriendo que la verdadera "Maestría" es la que se consigue traspasando las sombras de la muerte.
Tampoco existe, en el contexto masónico, la noción de un infierno, como contrapuesta a la de Oriente eterno, a pesar de que a la Cámara de Reflexión en la Iniciación, algunos rituales la llaman "descenso a los infiernos", a partir de la cual se realiza el ascenso hacia la Luz. El Infierno, como el Diablo, son conceptos dualistas, que se dan en algunas religiones con esa influencia, explícita o implícita. El OE masónico no tiene connotaciones geográficas o temporales, y ni siquiera alude a la metáfora del cielo. Es el ámbito espiritual donde se encuentra la Luz y la sabiduría; pero, y es como si se la siguiera buscando después de la muerte, considerada como última iniciación. La muerte, para los masones, es la iniciación suprema.
La intolerancia religiosa en algunos países y en ciertas épocas ha obligado a los Hijos de la Viuda a inhumar sus muertos fuera de los camposantos, como durante el franquismo en España o en la Alemania nazi, en el Perú donde no se permitía sepultura en el cementerio Prebitero Maestro y no pocas veces debieron construir sus propios cementerios apartados de los demás. En Valladolid, España, existe todavía uno de dichos cementerios masónicos, cuyas tumbas están marcadas por triángulos de hierro. El caso de la tumba del General Don José de San Martín, re-enterrado al borde de la Catedral de Buenos Aires, fue un signo de los prejuicios permanentes de la Iglesia Católica, que aún no ha abolido las antiguas bulas papales con respecto a la Masonería.
RELACION DEL OE Y EL CEMENTERIO
![]() |
| "La Doncella y el Tiempo", en la cúspide del Templo masónico de California EE.UU. |
Es evidente que la preocupación de los masones por sus hermanos fallecidos tras el inmóvil y simbólico viaje hacia el Oriente Eterno, era un hecho en el que debía estar garantizada su confortabilidad, con independencia de que fuera o no creyente, pero la morada terrenal y física en el que debían descansar el cuerpo de "hermanos" fallecidos como era el Cementerio era algo que preocupaba fuertemente a la hermandad masónica, y sobre todo aquella que se ha desarrollado en el seno del orbe católico.
El hecho de ser masón, reconocido y confeso ya de por sí significada no ser enterrado en tierra cristiana, y fueron constantes las peleas administrativas para que los cementerios civiles fuesen sitios dignos y acordes con los considerandos de la dignidad humana y tuvieron que contender con el clero y hasta con los propios enterradores, que se deshacían de los muertos no creyentes, los republicanos, los librepensadores y los masones como no merecedores de atención y de unas dignas exequias, como así lo demuestran cientos de litigios, y peleas que encontramos en la base documental histórica de la prensa republicana y masónica del momento.
![]() |
| Columna rota en el Museo Cementerio Presbítero Maestro. Al costado el autor del presente artículo. |
La relación entonces en esos años de oscurantismo entre el pase al oriente eterno y el cementerio, era pues que significaba un pase a la luz y paz eterna, contra un entierro incierto. Y es así que hubo desde el principio muchas formas de no divulgar la pertenencia a la masonería y así ser enterrado en un cementerio religioso. Aparece pues La columna rota que es por excelencia el simbolismo masónico que representa el pase al oriente eterno. Esta indica que la parte inferior es la que se queda en el nicho, representando al cuerpo o parte material y la otra parte que es la espiritual o el alma es la que va a seguir trabajando como una columna en la logia celestial. El origen de este símbolo se alude a Jeremy L. Cross (EE.UU) y lo menciona Mackey en su Enciclopedia Masónica, en una variación de este símbolo que incluye la columna rota, el tiempo simbolizado por un viejo alado y una mujer sosteniendo una rama de acacia. (La doncella y el tiempo).
Culminando este tema, en el Ritual de honras fúnebres al hacer un llamado al hermano que ha fallecido, al final de la ceremonia el Venerable Maestro dice: La muerte no es sino el principio de una nueva vida. El que ha vivido como hombre de bien, no puede temerla. Que el espíritu de nuestro hermano, ocupe su columna en el oriente eterno y que el Gran Arquitecto del Universo lo haya recibido con su bondad y le haya acordado la recompensa de los justos. El hermano no responde, la cadena se ha roto.
Enrique Ivo Pino Ramos
Menfis N° 151
(Extracto de la Exposición: “El oriente eterno y los cementerios”)




No hay comentarios:
Publicar un comentario